miércoles, 16 de noviembre de 2016

¿Vivimos en una sociedad crispada?

La sociedad está crispada 

Con frecuencia se ven (TV) o se oye o lee, noticias como esta: en Francia, es atacada en el metro una pareja española porque él tenía una apariencia extranjera. En una ciudad de Inglaterra atacan a un matrimonio español porque estaba hablando en español. En la Universidad Autónoma de Madrid, insultan violentamente y no dejan intervenir al expresidente Felipe González. En Mestalla (Valencia) agreden a unos jugadores después de lanzar un penalti justamente pitado. Algunos políticos esgrimen sus argumentos de forma violenta y dando gritos más que hablando.

No se puede desear y dar la paz sin humildad. Donde hay soberbia, siempre hay guerra,. Sin humildad no hay paz y sin paz no hay unidad.

Hemos olvidado la capacidad de hablar con ternura, nuestro hablar es gritarnos. O hablar mal de los otros... no con dulzura. La dulzura, es la capacidad de soportarse los unos a los otros.  Es necesario tener paciencia, soportar los defectos de los otros, las cosas que no gustan, etc.

Vivimos en un entorno, donde prima la rapidez. Todo rápido. Caminamos rápido, hablamos rápido, comemos rápido, conducimos rápido, conferencias rápidas, queremos un libro que nos cambie la vida, en unos minutos.
Los estímulos que recibes son que si no adelantas a los demás, retrocedes. Te pasas la vida adelantando. Y de una manera acelerada.

Se ha llegado a la conclusión de que la sociedad en la que nos ha tocado vivir está enferma de “rapidación”. ALGUNOS sociólogos han apodado como "rapidación" el nuevo fenómeno que socialmente nos enreda a casi todos en nuestra sociedad del bienestar, y que consiste en dar a nuestros quehaceres cotidianos un ritmo desorbitado.Todo hay que hacerlo rápidamente, porque hemos hecho realidad eso de que "el tiempo es oro", es decir, que el tiempo es solo para ganar y así poder consumir. Nos dejamos llevar por ese engaño. Y la verdad natural (biológica) innata en la naturaleza es que no debe ser así, a no ser que pretendamos destruir la convivencia, las familias, el medio ambiente y por lo tanto la vida misma. Porque todo en la vida tiene un ciclo natural de donde se derivan los momentos para cada persona y para cada circunstancia. Son los tiempos, que algunos llaman “de Dios”.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Libertad religiosos ¿un derecho?


Libertad religiosa ¿un derecho?
En otros tiempos nos quejábamos de falta de libertad; criticábamos, pero a pesar de todo, la vida parecía tener un sentido: creíamos en el proyecto de sociedad que había que construir, aunque viéramos a nuestro alrededor que se hacían mal muchas cosas.
Con la caída del Muro de Berlín (9 noviembre de 1989) se vislumbró más libertad, pero se ha perdido el sentido de nuestras vidas. Y sin sentido de la vida, la libertad se convierte en algo bastante absurdo. Tener un coche más grande, móviles más sofisticados o unos pendientes con diamantes, no da sentido a la vida. Se ha pasado de lo malo a lo absurdo.
Ante este panorama, las proclamas, los programas, consisten en prometer paraísos, sin darse cuenta que son paraísos que
más tarde o más temprano se descubren falsos. Sería más positivo y realista proponer avanzar para pasar de las lagunas existentes (situaciones de carencia) a situaciones menos malas y con propuestas de mejoras posibles.

En los países democráticos y con constituciones democráticas, la separación de la Iglesia y el Estado es un hecho defendido y aceptado. En España, con el Concilio Vaticano II, y por lo tanto antes de la Constitución de 1978, esta realidad de separación fue apoyada y defendida por la Iglesia (Jerarquía) española. 
La obligación del Estado de mantener su neutralidad en materia religiosa, significa que debe abstenerse de adherirse a una creencia. Es decir, el Estado no puede utilizar el monopolio de la coerción para intervenir en la conciencia de las personas imponiéndoles la obligación de seguir o no un credo religioso.
De ahí que el Estado no puede (no debe) prohibir el uso de símbolos que tengan connotación religiosa, porque estaría adoptando comportamientos que tienen que ver con la merma de la libertad en materia religiosa, adoptando en esos casos un posicionamiento antirreligioso. En ese caso no se trataría por igual a todas las personas en el respeto  y dignidad y se estaría lesionando los derechos humanos.
Sólo se comprendería una prohibición en ese sentido, si hay riesgos probados con esas manifestaciones de atentar a la seguridad de los ciudadanos (como puedan ser atentados terroristas o algo similar), nunca basándose en otras consideraciones. Hay que valorar y respetar  las libertades fundamentales de ir y venir, la libertad de conciencia y la libertad personal.
Debemos superar el odio, rechazo, prejuicios, estereotipos, imposiciones, desinformación e incultura.
Sucede que, el valor que llamamos y que lo es: «Libertad» con frecuencia no queremos entenderlo o defenderlo.